Superdotados ¿Un don o un castigo?




Precoces, inquietos, creativos, curiosos... son superdotados, pero su vida es difícil y no siempre reciben la educación que precisan para que su talento no se vuelva en su contra. En la CAV estudian 60 de estos menores, pero el 98% de los casos sigue sin diagnosticar.

CON cinco años yun mes, Ander le preguntó a su madre: "¿dónde empieza y dónde acaba el universo?" -y Begoña le respondió- "el universo es infinito". Entonces el niño insistió "no, no es verdad, porque todo tiene principio y tiene fin"... "Es imposible que haya algo en medio de la nada", "si la gravedad es la fuerza que atrae a los planetas, ¿cómo es posible que el universo esté en permanente expansión?". Y éstas son las preguntas espontáneas que hicieron Laura (8 años) y Ekaitz (5 años) tras escuchar la exposición sobre la gravedad dada por Jon (5 años) en el grupo de alto rendimiento (GAR) de Muskiz.

Son precoces, inquietos, creativos, muy maduros para su edad... son superdotados o pequeños con altas capacidades intelectuales, un don de doble filo. Y es que un alto coeficiente intelectual no siempre es sinónimo de éxito. Cuando se habla de niños superdotados se piensa instantáneamente en aquel con unas notas brillantes, pero la realidad demuestra todo lo contrario: son problemáticos, el 70% tiene un bajo rendimiento escolar y más de la mitad fracaso escolar.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define como persona superdotada a aquella que cuenta con un coeficiente intelectual (CI) superior a 130. En este curso hay matriculados 60 niños y niñas superdotadas en la CAV (9 en Araba, 16 en Gipuzkoa y 35 en Bizkaia), y son una mínima parte del potencial intelectual que permanecerá soterrado para siempre en los pupitres. No en vano, se estima que el 2% de la población es superdotada y que más del 98% está sin diagnosticar, por lo que los expertos alertan ya del despilfarro de talentos que viven nuestras aulas.

Según expertos y familiares consultados por DEIA, la sistematización del diagnóstico precoz y una atención adecuada a las necesidades específicas de este colectivo heterogéneo evitarían en gran medida los problemas adaptativos que suelen padecer estos pequeños, "¿porque quién fracasa: el niño, la familia o la escuela?", cuestiona Ana, madre de Peio (6 años) con un CI de más de 140 y un toque de Asperger. La mayoría de las familias comparte esta "preocupación" y que sus hijos e hijas terminen formando parte de esas estadísticas que hablan de fracaso escolar, inadaptación social y rebeldía.

El sistema educativo vasco ofrece en la etapa Obligatoria varias alternativas, medidas curriculares como la adaptación curricular de ampliación, la anticipación del inicio de la escolarización obligatoria o la reducción del periodo de escolarización.

Según fuentes del Departamento de Educación, la adaptación curricular de ampliación contempla "el enriquecimiento de los objetivos y contenidos, la flexibilización de los criterios de evaluación y la metodología específica que conviene utilizar, teniendo en cuenta el estilo de aprendizaje del alumnado". En el presente curso 19 estudiantes (4 en Araba, 2 en Gipuzkoa y 3 en Bizkaia) tienen aprobada una adaptación curricular de ampliación. En educación Primaria, estas medidas están dirigidas a la adquisición y desarrollo de los lenguajes informáticos y musical e idiomas extranjeros. A 4 alumnos (2 en Gipuzkoa y otros tantos en Bizkaia) se les ha anticipado el inicio de la escolarización obligatoria. Respecto a la reducción del periodo de escolarización, 19 alumnos están escolarizados con esta medida (2 en Araba, 3 en Gipuzkoa y 14 en Bizkaia).

También existe otro recurso habitual en la etapa Obligatoria, la aceleración, esto es, avanzar al niño un curso o dos más, aunque para ello es necesario que tenga diagnosticada la sobredotación. Quienes defienden esta medida consideran que supone un reto intelectual para el menor lo que evitará los problemas derivados del típico comportamiento del ... me aburro.

Joseba (11 años, Ortuella) tiene un CI de más de 140 y lleva dos años un curso por encima de los niños de su edad. Maialen es su madre y afirma que la aceleración ha sido la solución, aunque ello les ha supuesto dinero, tiempo y varias consultas a especialistas. "Nos dimos cuenta de su habilidad cuando Joseba tenía dos años. Cuando su hermano -de cinco años- estaba aprendiendo los números y le costaba reconocer alguno, Joseba se lo señalaba. Luego de repente un día viene diciendo que se sabe el abecedario porque lo había visto escrito en la pared de clase". Con cuatro años, Joseba empezó a deletrear las palabras.

"El niño se aburría en clase, lo que sientes es preocupación. Te dices a ti misma, bueno, a ver cómo soluciono esto porque el niño no quiere ir a clase y todas las mañana llora. Se quería quedar en casa, me preguntaba muchísimas cosas, desde los tres años se manejaba con el ordenador genial, lo que quería era buscar información en internet", explica Maialen.

A Joseba le encanta la astronomía, diseccionar plantas, la egiptología y la antigua Roma. Estudia violín y piano en el conservatorio de música. De mayor quiere ser "violinista o arqueólogo como Indiana Jones", confiesa mientras dibuja una goleta en la pizarra del GAR de Muskiz, donde después de todo, se puede comprobar que además de genios, estos chavales nunca dejan de ser niños.

Este curso estudia sexto de Primaria. "De tercero pasó a quinto, pero estuvo haciendo asignaturas sueltas". Su familia se decidió a probar con la aceleración porque "en su día tuvo mal comportamiento. Le llamaban la atención y le echaban constantemente al pasillo porque se aburría y molestaba a los demás. Así no podían seguir las cosas y decidimos acelerarlo". Tras tomar la decisión, los padres comprobaron que el proceso era "complicado".

Según Maialen, "te tiene que dar el visto bueno el colegio, tiene que darte el visto bueno la Diputación, el Berritzegune..." Después de un par de años pidiendo al Berritzegune de zona que le hicieran las pruebas diagnósticas y con silencio administrativo por única respuesta "decidimos hacerla nosotros mismos, primero en Zaragoza y nos dijeron que no eran válidas, después en Huerta del Rey (Valladolid) que es el mejor centro y Yolanda de Benito, una eminencia". Las pruebas dieron altas.

Con los resultados en mano, el colegio le hizo una adaptación curricular. Tras dos años con ampliación curricular y ante el riesgo de perder la capacidad le volvieron a hacer las pruebas y el CI "dio más alto aún". Además, recomendaron que se le acelerara porque el niños estaba mal a caballo entre dos cursos. "Psicológicamente lo llevaba mal, estaba muy estresado, tenía mucha ansiedad por estar entre los dos cursos, adaptándose continuamente. No tenía amigos en uno y no se centraba en el otro". Dos años después Maialen se siente satisfecha con la decisión, "hicimos bien, ahora estoy contenta. Ahora está integrado en este grupo, es el más pequeño, emocionalmente se nota ese año de diferencia, pero en conocimientos está a la par o más".

Fonte:http://www.deia.com/es/impresa/2009/06/02/bizkaia/gizartea/565259.php